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Las Joyas de la Plata: Zafra

Zafra, tradición nobiliaria.

Continuamos nuestro camino por esta zona del sur de Extremadura con paisajes dominados por llanos cerealistas trufados por viñedos de poca extensión. Este terreno ancho y aplanado, en condiciones metereológicas favorables, se recorre sin esfuerzo y ofrece la ventaja de poder divisar anticipadamente nuestro próximo destino. Entre paso y paso vamos levantando la mirada y Zafra y sus Joyas de la Plata se nos ponen ya a tiro de piedra. Lo primero que observamos es que Zafra es una ciudad de cierta envergadura, hacía tiempo que veníamos atravesando entidades menores y esta conjuga perfectamente su faceta de ciudad industrial, con una buena oferta de comercio y servicios, con su patrimonio histórico y el encanto especial de sus calles y sus gentes. Es una ciudad ideal para descansar y disfrutar de la gastronomía.

 

Nos adentramos en Zafra y en sus Joyas de la Plata desde el sur, callejeando con expectación con rumbo a la Plaza del Alcázar. Una vez allí, y con la imponente vista de los muros del Alcázar de los Duques de Feria, tomamos conciencia de la importancia de histórica de esta ciudad. La historia de la ciudad está unida a esta casa nobiliaria desde el siglo XV, cuando el primer Duque fijó aquí su residencia. El edificio es sencillamente majestuoso. Actualmente, después de varios periplos, se ha convertido en Parador Nacional y ofrece una interesante visita por sus terrazas y galerías, su elegante patio de mármol con claustro y algunas de sus dependencias.

Después de quedarnos embelesados con su visión reparamos en que a nuestras espaldas, en la
misma plaza, se encuentra otro de los iconos de la ciudad, el Pilar del Duque. Este pilar de forma
rectangular es uno de los vestigios de la Zafra antigua; construido con bloques de piedra y
mármol, con un pilar central con un par de caños y dos escudos de los Duques de Feria.

Aprovechamos el rumor de su agua y descansamos unos minutos observando el devenir de los zafrenses. Para comenzar nuestra visita al casco antiguo utilizamos una de sus calle señeras, la calle Sevilla. La relación de Zafra con la capital hispalense siempre ha sido muy estrecha, hasta el punto de que es conocida con el sobrenombre de ‘Sevilla la Chica’. Y redundando en esta vinculación esta calle Sevilla es una suerte de calle Sierpes y, al igual que ésta, rebosa actividad comercial y bullicio humano. Entre tiendas y establecimientos hosteleros encontramos aquí un arco gótico que muestra a ambos lados relieves de la Anunciación, y que es la puerta de entrada al Convento de Santa Clara. Un remanso de paz oculto en pleno centro que alberga además un museo donde descifrar las claves de la vida conventual.

 

De vuelta a la calle Sevilla, seguimos su devenir hasta desembocar en la Plaza Grande. Una bella plaza porticada llena de bares, hoteles, librería, kioscos, comercios. Su zona peatonal es muy frecuentada por los zafrenses en sus múltiples terrazas de verano y es un verdadero centro cotidiano de la actividad de la ciudad. Así que este, cómo no, será el lugar elegido para tomar un reparador café. Esta plaza comunica con su hermana, la Plaza Chica, a través del Arquillo del Pan, y es escenario de teatro y música en algunas de las fiesta de la ciudad.

 

Rastreamos de nuevo las flechas amarillas a través de los arcos de la plaza y obedecemos sus indicaciones, que nos alejan del centro y nos van sacando a las afueras. Ya en esa zona híbrida entre ciudad y campo pasamos ante una solitaria torre que se levanta en mitad de un descampado. Es una curiosidad que tiene su explicación. Se trata de la Torre de San Francisco, el único elemento que se ha conservado del antiguo convento del mismo nombre. Un edificio sin duda pintoresco que pone la guinda a esta visita a Zafra y sus Joyas de la Plata, una ciudad con hechuras de pueblo.

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