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Las Joyas de la Plata: Castilblanco de los Arroyos

Castilblanco, tesoros a cinco leguas.

Tienen las calles y plazas de Castilblanco un trazado sinuoso e irregular, acompasándose en lo físico al nuevo terreno, dónde el olivar ya ha dado paso al bosque mediterráneo…encinas, jara y chaparrales. Es por esto por lo qué el caminante adivina ya aires más serranos, se diluye la monotonía del paisaje previo y se presiente un cambio de escenario. Con esta expectación vamos recorriendo las primeras callejas; paredes blanqueadas, puertas encajadas y ventanas esbeltas de hierros pintados, un caserío irregular pero placentero para la visita que nos va encaminado hasta el centro. 

 

Es día entre semana y las calles están tranquilas, un coche aislado de vez en cuando, algunas mujeres con el trasiego de la compra y algún anciano de actitud vigilante y generoso en la ayuda que nos señala la dirección hacia la iglesia del Divino Salvador.

Sobresale soberbia esta edificación, de origen mudéjar, de entre las tradicionales casas vecinas, con su esbelta torre campanario y su inclinada cubierta regada de tejas impolutas y simétricas. Una de las joyas de Castilblanco en el Camino de la Plata.

Nos encontramos en el auténtico corazón del municipio, con el edificio que alberga el Ayuntamiento, cómo no de cegadoras paredes blancas y banderas ondeantes. Nos quedamos sorprendidos por una leyenda que aparece en su friso superior…”está un lugar que se llama Castilblanco”, que por supuesto nos lleva a la investigación. Se trata de un fragmento, de hecho el párrafo inicial, de la obra Las Dos Doncellas, una de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes. Cinco leguas de la ciudad de Sevilla, está un lugar que se llama Castiblanco; y, en uno de muchos mesones que tiene, a la hora que anochecía, entró un caminante sobre un hermoso cuartago… Allá por el siglo XVI, el célebre escritor fijó su atención en la localidad, destacado lugar de paso en la Vía de la Plata y el Camino de Santiago. 

 

Pero este pueblo no es solo su trazado urbano, cómo un cuerpo humano no es nada sin sus extremidades. Su identidad va más allá, y se configura con sus alrededores, tan valiosos como sus calles. Pasar y contar Castilblanco es también conocer sus fuentes, arroyos, parajes y ermitas, las dos principales son Escardiel y San Benito, lugares de profunda religiosidad y devoción por parte de los castilblanqueños, que celebran en sus inmediaciones sendas romerías.

 

Patrimonio histórico y cultural, que no sólo del monumental se nutre el hombre, que alimenta nuestros sentidos y nos deja un sabroso sabor de boca con el que abandonamos este pueblo singular.

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